Noticias de Patrimonio · Arqueología subacuática
Veintidós bloques del Faro de Alejandría regresan a la superficie tras siglos bajo el Mediterráneo
El proyecto internacional PHAROS combina arqueología submarina y reconstrucción digital 3D para devolver a la vida una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo
Más de 1.600 años después de que un tsunami lo dejara inservible, el Faro de Alejandría sigue dando sorpresas. Un equipo internacional acaba de izar del fondo del Mediterráneo veintidós bloques monumentales de la estructura original — entre ellos, los restos de una puerta hasta ahora desconocida — como parte de un proyecto que combina arqueología subacuática con reconstrucción digital de última generación.
Casi dos milenios de un mismo monumento imaginado una y otra vez: de una moneda romana a un grabado coloreado del siglo XIX, antes de que la ciencia 3D permitiera por fin reconstruirlo con precisión.
El hallazgo
La operación se enmarca en el proyecto PHAROS, dirigido científicamente por la arqueóloga y arquitecta Isabelle Hairy, investigadora del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique) a través de su unidad permanente en Egipto, el Centre d’Études Alexandrines. La misión cuenta con la financiación de la Fundación Dassault Systèmes y se desarrolla bajo la autoridad del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto.
Entre las piezas recuperadas —cada una de entre 70 y 80 toneladas— se encuentran dinteles y jambas de una puerta monumental, un umbral y grandes losas de base. El hallazgo más inesperado es un pilono de estilo egipcio con una puerta de técnica helenística que no se conocía hasta ahora, y que podría aportar información nueva sobre la fusión de tradiciones constructivas griegas y egipcias durante el periodo ptolemaico.
🔬 De la piedra al modelo digital
Cada bloque recuperado se somete a un escaneado por fotogrametría de alta precisión, que permite generar un modelo digital detallado. Estos modelos se suman a un catálogo de más de 100 bloques ya digitalizados bajo el agua durante la última década — parte de un registro total de unos 5.000 bloques documentados en tres décadas de investigación submarina. El objetivo final es reposicionar virtualmente todas las piezas, como si fueran las partes de un enorme rompecabezas arqueológico, para reconstruir con precisión científica tanto la arquitectura exterior del Faro como su organización interna.
Tres décadas de trabajo bajo el agua
1994
El arqueólogo francés Jean-Yves Empereur, fundador del Centre d’Études Alexandrines, localiza los restos sumergidos del Faro frente a la costa de Alejandría, a una profundidad de entre 5 y 10 metros — el punto de partida de toda la investigación posterior.
2009
El CEAlex incorpora la documentación digital al estudio del yacimiento, abriendo una nueva vía de trabajo que complementa la excavación tradicional.
2023
Se lanza oficialmente el proyecto PHAROS, con el apoyo de la Fundación Dassault Systèmes. El equipo multidisciplinar retoma el análisis de fuentes antiguas, iconografía y textos sobre el Faro — una revisión que no se abordaba en profundidad desde los estudios de Hermann Thiersch de 1909.
2025
Gedeon Media Group se suma al proyecto como patrocinador, financiando la campaña de excavación subacuática que permite izar a la superficie los elementos arquitectónicos más grandes del yacimiento — los 22 bloques documentados en esta noticia.
Mayo 2026
El CNRS anuncia los primeros resultados de la fase de integración de datos: los bloques recién izados se combinan con el registro completo de piezas submarinas, monedas, mosaicos, lámparas y descripciones árabes medievales, con el objetivo de entender cómo se construyó la torre de 103 metros, cómo resistió terremotos sucesivos y qué causó finalmente su colapso.
Una torre que dominó el Mediterráneo durante 1.600 años
El Faro de Alejandría se levantó a comienzos del siglo III a.C. bajo el mandato de Ptolomeo I Sóter, con diseño del arquitecto griego Sóstrato de Cnido. Con más de 100 metros de altura, fue la construcción más elevada hecha por el ser humano durante siglos, guiando a los barcos hacia Alejandría a lo largo de casi dieciséis siglos de servicio ininterrumpido — hasta la mañana del 8 de agosto de 1303, cuando un tsunami causó daños tan graves que el Faro nunca volvió a encenderse y acabó convertido en cantera. Sus restos fueron finalmente reutilizados en 1477 para levantar la fortaleza de Qaitbay, que hoy ocupa el mismo emplazamiento.
Lo que hace especialmente valioso este proyecto es precisamente la combinación de disciplinas: arqueología subacuática, historia, numismática y arquitectura trabajando junto a ingenieros de modelado 3D — un enfoque cada vez más habitual en la documentación de grandes monumentos perdidos, y que ya vimos con un espíritu similar en la restauración del Tríptico de Gante, aunque aplicado aquí a un edificio que ya no existe físicamente en superficie.
🕌 Un monumento que vuelve a «visitarse»
Según el propio CNRS, gracias al modelado 3D el Faro de Alejandría puede volver a «visitarse» de forma inmersiva por primera vez desde que el viajero árabe Ibn Battuta lo describiera en persona en 1325 — casi setecientos años después de la última vez que alguien pudo recorrerlo tal y como era en pie.










